domingo, 4 de septiembre de 2011

El jardín oculto.


El jardín oculto.

Hay días en los que lo más productivo que puedes hacer es quedarte en la cama...

Erase que se era un frondoso jardín, instalado en el norte de una tierra seca y árida. Era un lugar pequeño, pero muy acojedor, la gente que solía visitarlo alguna vez en su vida regresaba a él para verlo de nuevo, porque por lo general no lograban olvidarlo tan fácilmente.. El jardinero era un señor mayor, con clase y buenas maneras, educado y en el fondo buena persona.
Todo era maravilloso, hasta que un día el jardinero decidió sembrar rosas, ya tenía el terreno arado y abonado, cuando introdujo la semilla en la tierra... de hecho introdujo dos semillas, quería saber que toque de distinción le darían eras flores majestuosas a su jardín. El tiempo pasó rápidamente y la planta cada vez crecía más y más fuerte, ni las nevadas, ni los temporales vencían su crecimiento, el tronco de los rosales cada vez se engrosaba más y un buen día comenzaron a salir espinas, no una, ni dos, sino muchas, tantas que el pobre jardinero apenas podía acercarse a regarlo... Pero él era uno de esos hombres que no se rinden fácilmente, y con toda la paciencia y la constanza del mundo cuidaba de los rosales pues necesitaba verles florecer, pero el tiempo pasaba y eso no llegaba. Hasta tal punto se convirtió en su obsesión, que empezó a descuidar el resto de las flores, y árboles del jardín... Por más que mimaba y cuidaba los rosales, de éstos sólo brotaban espinas, y por otro lado cada vez ocupaban más espacio en el jardín. Un día el jardinero llego a la portilla de entrada y comtempló lo que durante tantos años se había negado a ver, su jardín, ese trozo del Eden que tanto le había costado llegar a tener, había muerto, y en su lugar existía un amasijo de troncos llenos de espinas imposibles de cortar, y que le impedían el paso al lugar, ya no podìa ni abrir la puerta, la gente ya no venía a visitarlo... Tras años de espera, un buen día se acerco a uno de los costados sorprendido, observó que de un pequeño esqueje estaba brotando un capullito de rosa, ya estaba casi casi abierto y la flor era la más bonita que jamás había visto o cultivado... El coraje que había ido acumulando con los años, no le llevó a otra cosa que a tomar el pequeño capullo y a estrujarlo entre sus manos, hasta que no quedaba nada de él.
Cuentan que el jardín nunca jamás volvió a dar flores y que cuando falleció el jardinero, los rosales se murieron, y el jardín maravilloso, pasó a ser un terreno árido y seco.
Y colorín colorado este relato se ha acabado.







"Y el amor, como la vida; puede ser un tallo con rosa, o uno con mil espinas.."
Se me cuiden, y sean felices.

2 comentarios:

Mateando con Pampa dijo...

Muy bueno!!! felicitaciones, me gustó mucho cómo lo escribiste. Una cosa en la que te empeñás tercamente en que funcione, a veces no-va y uno es incapaz de hacer la distinción. gracias.

Perro dijo...

Pues sí. Gracias, me alegra que te haya gustado